“Vivir adrede”, el nuevo libro del gran de Mario Benedetti, “porque todo es adrede”
Fecha: 11 Abril, 2008
Categoría: Escritores, Libros, Nos gusta, Recomendaciones
Escrito por: Zahara
Por amor a Mario Benedetti

Con 87 años, el escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti (Paso de los Toros, 1920) continúa regalándonos auténticas joyas literarias.
Con su nuevo libro Vivir adrede asegura, con el humor divino que lo caracteriza, que no tiene ninguna intención de abandonar la literatura y, por supuesto, la vida: “No voy a irme así nomás. Tendrán que echarme sin motivo. Yo y mis talones en la Tierra decidimos no, que aguantaremos”.
Un Benedetti atrevido, siempre renovado y nuevo, sincero, audaz, entrañable, irónico mágico y más lúcido que nunca, hace un repaso por los grandes males del mundo: drogas, guerras, destrucción del medio ambiente, y más males indeseables.
En Vivir, Adrede y Cachivaches, la primera parte del libro, después de darle un repaso al paso del tiempo, la actitud ante la vida y la idea de la trascendencia, concluye que todo sigue igual, que la esencia de los fantasmas del ser humano son los mismos; nada parece haber cambiado, lamentablemente.
“El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños”, afirma el escritor, que está seguro de que en este mundo hay que tomar partido porque “los escépticos van y vienen sin nada. Y, lo que es peor, sin nadie”.
“Cuidado con desanimarse si algún tonto nos dice que nos falta un tornillo. Todo mandante, ya sea el mandamás o el mandamenos, se afana (sobre todo cuando se afana) en no ser sencillo”. “Hay varias especies de miserables, entre ellos, por supuesto, los asesinos, los canallas, los uxoricidas, los degolladores, los verdugos, los envenenadores, los parricidas, los recónditos, ladinos, furtivos, solapados, que se enmascaran de honestos, se camuflan de héroes, se fingen generoso para conseguir su loca ambición que no es otra que el poder”.
En Adrede condena y critica los fanatismos, los imperialismos y las guerras y las desgracias sin fin que provocan los hombres activa o pasivamente.
El relato Últimas moradas viene a confirmar el título de su libro: “Todo es adrede: los celos y el recelo, sospechas y codicias, odios en desmesura, el rencor y la pugna” porque, dice, “la consigna es someternos, mentirnos el futuro, reconocernos nada”.
En Calamidades realiza una parada necesaria en el lenguaje, y se pregunta quién ha empleado alguna vez “palabras como rongigata, enruna, cadañal, pruriginoso, luquidámbar, cachunde, zarapito, despavesadura? Imagino que el diccionario se ha de reír a carcajadas cuando nos apabulla con esta jeringoza y nos deja taciturnos”. Sabio e imprescindible, Benedetti, sin duda.
En Cachivaches, una colección “de aforismos o artefacto”, al más puro estilo Nicanor Parra, y “haiku”, el género poético japonés en el que trabaja últimamente, se divierte y nos divierte con un estilo y una ironía a lo grande y colosal.
“Cuando tenemos sueño, los bostezos salen a pedir de boca”, “Las ubres de las señoras se llaman tetas” o “En materia de drogas, si uno abusa del kif hace puf” “, ponen el broche de oro y diamantes a Vivir adrede, en el que este escritor sencillo y afable afirma que tiene lo que tiene y nada más, pero que no se queja.
Grande, Mario Benedetti.
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