“Grandes esperanzas”, de Charles Dickens: las casualidades no existen
Fecha: 9 Junio, 2008
Categoría: Escritores, Libros, Recomendaciones
Escrito por: Zahara
Por amor a Charles Dickens
Grandes esperanzas, del mejor retratista de la Inglaterra del siglo XIX -mediante las palabras y un estilo inconfundible-es una obra renacedora, cargada de mensajes y personajes únicos, propios de lo mejor de las arcas imaginativas y realistas de Charles Dickens.
Criado en un ambiente muy humilde, del que nunca se olvidó y el cual intentó plasmar en sus novelas, a modo de crítica social, nunca fue víctima de su pasado sino todo lo contrario: éste le sirvió para demostrar que la vida es una noria que gira sin descanso; hay que saber estar atentos. Su ejemplo vital y profesional viene a demostrar que se puede salir adelante, y que es posible voltear la vida hasta toparse, en cualquier momento, con la diosa Fortuna, o que la vida te puede voltear hasta mostrarte su rostro más amable…
Charles Dickens nació pobre, y tuvo que trabajar desde pequeño. A pesar de que no pudo ir a la Universidad por no tener recursos económicos, no dejó de prepararse y estudiar.
Dotado de una sutil ironía, Dickens le sacó un jugoso y necesario partido social a su literatura: denunció en sus libros, a través de sus personajes y de sus historias, todas las miserias y abusos que pasaban los que tenían la calle y la penuria como hogar; y eran vejados por los pudientes…
Con el paso de los años y de los libros que fue escribiendo se convirtió en un defensor de los derechos de las clases menos favorecidas, y un crítico de la estratificada sociedad victoriana, la suya, la que él tuvo que padecer. Una injusta sociedad que te catalogaba nada más aterrizar en la vida; si nacías pobre, a poco podías aspirar; si nacías rico o noble, el mundo era tuyo, y los demás a servirte. Charles Dickens rompe esta sociedad clasista en sus novelas, demostrando que las grandes esperanzas no entienden de clases, y que le pertenecen, por derecho, al hombre, sea cual sea su estatus.
El azar se desmonta en Grandes esperanzas; y nos anuncia, con firmeza, que las casualidades no existen…
Primero se publicó por entregas en un periódico que editaba el propio escritor; y en el año 1861, las entregas se juntaron para tomar la forma, desde la primera hasta la última página, de un libro fascinante, con el entramado de las relaciones humanas como caudal narrativo, y la esperanza viva como ilustre maga.
Pip es un niño huérfano y pobre, que vive con su hermana y su cuñado. La noria comienza a girar para él cuando conoce en la calle a un presidiario, al que ayuda. Al poco, el presidiario es encarcelado, de nuevo. Otro encuentro relevante lo marcará; conoce a Estela: una niña rica y repipi, de la que se enamorará, por desgracia, sin remedio. Estela es la protegida de una mujer mayor, rica y mugrienta llamada señora Havisham; y con ella Dickens sacó a relucir toda su artillería irónica. En la caracterización de este personaje, en el que los contrastes se abarrotan, se chocan y se pelean, hasta convertir a la acaudalada señora Havisham en un personaje amargo, pérfido y grotesco.
Estela, la niña cursi, humilla a Pip por ser pobre; ingrata Estela, qué poco iban a durarte las burlas.
La noria se detiene y le muestra su cara más amable a Pip, cuando le comunican que una persona anónima le ha dado una gran cantidad de dinero, y que se tiene que marchar a Londres a vivir con una adinerada familia.
Y llegados a este punto, las grandes esperanzas se materializan en el mundo de Pip: conócelas adentrándote en el libro de Charles Dickens.
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