“La voluntad creadora”, de Carmen Conde, llega a la Biblioteca Nacional de Madrid
Fecha: 13 Junio, 2008
Categoría: Escritoras, Exposiciones
Escrito por: Zahara
Por amor a Carmen Conde
Desde ayer y hasta el 17 de agosto, La voluntad creadora, de Carmen Conde, permanecerá en la Biblioteca Nacional de Madrid. Con ella se pretende conmemorar el nacimiento de Carmen Conde alias Florentina del Mar (1907-1996)
La primera mujer que se sentó en un sillón de la Real Academia Española, sucedió en 1979, todo un hito dentro de una institución, la RAE, compuesta, hasta esos momentos, sólo por hombres; esa mujer, Carmen Conde, fue una escritora todoterreno: novelista, poeta, ensayista, dramaturga, y autora de libros infantiles y juveniles. También desarrolló una intensa actividad cultural y política en una España intransigente, que la persiguió por no quedarse ni callada ni quieta.
Revistas, libros, dedicatorias, documentos y manuscritos forman la exposición con la que conocerás mejor la obra de una escritora esencial, como la sal de sus versos: He venido a quererte, a que me digas tus palabras de mar y de palmeras; tus molinos de lienzo que salobres me refrescan la sed de tanto tiempo.
Suma Transida
Encerrarte en palabras…
¡Que tú, tú, quepas en verbos, nombres,
y adjetivos intactos!
Que yo lo pueda decir todo:
lo nuestro, esto que hacemos
y estaremos haciendo siempre,
eternísimamente:
hablar, callar, ser tú y yo
siéndonos nuestros.
Darte una dimensión humana,
representación de ti en la tierra:
estatua, color, arrebatado paso,
y sereno mirar con esos ojos tuyos
y míos: nuestra mirada del mundo.
Que un día, los mortales sin remedio sepan
cómo tuviste sangre,
y abierta pasión por todo;
y te diste cantando, sufriendo,
a mis brazos locos, y lentos, y débiles,
y fuertes, y fríos, y pobres de luz,
pero enamorados tuyos.
Para saber que has sido verdad,
que has sido, ¡pero no eres entonces!
Buscar las palabras de cuando no vivas,
para que vivas mientras se hable.
Dios de dolor, nunca decir podré
cómo eres tú, mi amor, amor mío,
criatura de glorificación que hallo
derramada en océanos,
cielos, campos, ríos y árboles;
y hasta en palomas tristes que en la aurora
¡te despiertan a mi amor por ti!
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