“Yerma”, de Federico García Lorca; poema trágico en tres actos y seis cuadros
Fecha: 4 Octubre, 2008
Categoría: Escritores, Libros, Recomendaciones, Teatro
Escrito por: Zahara
Por amor al dramaturgo Federico García Lorca
Madrid, 1934. Se abre el telón. En escena, la obra de Federico García Lorca, Yerma. Acaba la función. Aplausos y más aplausos. La representación ha sido un éxito.
“No tiene argumento: es el desarrollo de un carácter”, dijo Federico García Lorca al presentar Yerma.
Yerma se casa, con el marido que quiso su padre, Juan, por obligación y porque desea, sobre todo, tener hijos; algo que sea suyo y que la haga sentirse útil.
Mi marido me lo dio mi padre y yo lo acepté. Con alegría. Esta es la pura verdad. Yo me entregué a mi marido por él ( refiriéndose al hijo que tanto ansía), y me sigo entregando para ver si llega, pero nunca por divertirme.
El niño no llega y Yerma se siente vacía; y el odio por el vacío se va apoderando de ella. Intenta buscar soluciones para quedarse embarazada: la obsesión por engendrar un niño la está enfermando de ira y de pena loca: jazmines calientes.. Todas las mujeres que conoce en el pueblo tienen hijos y se quedan embarazadas: ¿por qué ella no? Esta pregunta sin respuesta la martiriza.
No hay en el mundo fuerza mayor que el deseo. Lo tendré porque lo tengo que tener. O no entiendo el mundo.
Yo pienso que tengo sed y no tengo libertad.
Cada vez tengo más deseos y menos esperanzas
Sale demasiado, y se ve- con muy buenas intenciones- con Víctor, un amigo con el que creció y que está enamorado de ella ( y ella de él); el pueblo habla. Juan, el marido de Yerma, se lleva a sus dos hermanas a vivir con ellos, para que la vigilen, como dos perros guardianes y hambrientos.
La calle es para gente desocupada.
Mi vida está en el campo, pero mi honra está aquí. Las ovejas en el redil y la mujer en su casa.
La honra es un sentimiento carcomido que se cumple a rajatabla en esta tragedia lorquiana; la honra que mata y culpabiliza. Yerma es y será fiel a su marido; es su obligación, y no hay más vueltas.
Cuando me cubre cumple con su deber.
Por honra y por casta. Es mi única solución.
Juan le confiesa que no quiere hijos, que la quiere sólo a ella; no tendrán hijos. Yerma está al borde de la desesperación, su vida empieza a carecer de sentido. Acude a una vieja conjuradora, que utiliza yerbajos y oraciones para obrar supuestos milagros. Yerma presa de la angustia se deja llevar.
En el último acto, y mientras su marido intenta sobrepasarse, ella lo estrangula, ya sabiendo que con él no podrá tener hijos.
¿Qué queréis saber?No os acerquéis porque he matado a mi hijo, ¡yo misma he matado a mi hijo!
La tragedia se acaba de hacer efectiva: sin hijos, la vida de Yerma no tiene valor, ninguno.
Hay que leer a Federico García Lorca, hay que leer Yerma, por favor.
Comentarios
Un Comentario en ““Yerma”, de Federico García Lorca; poema trágico en tres actos y seis cuadros”
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Como hombre no puedo entender lo que debe sentir una mujer que desea quedarse embarazada y no puede concebir ese hijo tan deseado que se convierte en su prioridad absoluta y obsesión. Pero creo que esa obsesión debe servirnos a los que hemos leído Yerma para extrapolarlo a otras facetas de nuestra vida, valorando, saboreando y disfrutando de lo que tenemos.
García Lorca tiene mucho mérito al ponerse en la piel de una mujer, y dar rienda suelta al frenesí del deseo.