“Memorias de África”, de Isak Dinesen:”Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong”

Fecha: 28 Octubre, 2008 
Categoría: Escritoras, Libros, Recomendaciones
Escrito por: Zahara

Por amor a la escritora danesa Isak Dinesen

Out of Africa  (traducido como Memorias de África, otro misterio más para Poirot) es una extensa y sublime fotografía de los paisajes, la cultura y los habitantes de África.

Isak Dinesen te coge de la mano y te transporta, de manera deliciosa- a través del color de la luz, el que alumbra los recuerdos entrañables-, hasta la tierra que ella tanto amó…

“He mirado a los leones a los ojos y he dormido bajo la Cruz del Sur, y he visto incendiarse la hierba en las grandes praderas, que se cubren de fina hierba verde tras las lluvias, he sido amiga de somalíes, kikuyus y masais, he volado sobre las colinas de Ngong… nunca estaré a África lo suficientemente agradecida por lo mucho que me ha dado”. (Karen Blixen

Memorias de África te recibe, nada más empezar a leer, con aires sencillos y acogedores…

Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas y las noches frías” .

Karen Christence Blixen-Finecke( 1885-1962), la baronesa Karen Blixen, alias Isak Dinesen viajó a África, por primera vez, el 13 de enero de 1914. Aterrizó en Kenia (antiguas colonias británicas) para llevar una plantación de café junto a su marido; y sus bellos parajes, sus gentes, la cautivaron: pasó 17 años en África. Fruto de esta larga estancia, nació una maravilla en formato libro: Memorias de África, una experiencia literaria imprescindible para gozar de la belleza.  ( “Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza”)

La principal característica del paisaje y de tu vida en él, era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad vital y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: “Estoy donde debo estar”.

 

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