“Los heraldos negros”, de César Vallejo: “Dios mío, estoy llorando el ser que vivo”

Fecha: 16 Noviembre, 2008 
Categoría: Libros, Poesía, Recomendaciones
Escrito por: Zahara

Por amor al poeta peruano César Vallejo

Heraldo: mensajero. Aquello que anuncia algo que va a suceder.

En 1918 publica César Vallejo (1892-1938) Los heraldos negros, su primer libro de poemas; pasado y presente demandan una voz para contar, hermanados.

Los heraldos negros, de César Vallejo, son los mensajeros del diálogo, del amor, las ganas de vivir, de Dios, el hombre, la vida y sus golpes; algunos tan fuertes y otros menos. La muerte con aguaceros y el dolor inesperado, que te cala hasta empaparte de una pena honda, que no concede treguas al aliento. La búsqueda de la solidaridad y de la libertad de cada uno, la del poeta y el que camina a su lado, o no: hay que consumir las instantáneas de la vida, con deleite.

No pases por alto las injusticias, no las ignores. Hermánate con el que sufre, ayúdale. Sé valiente y no escondas tus ideas detrás del muro insondable de tu coraza. ¿Por qué tanto dolor? ¿Qué hacer para apaciguarlo, para que la vida sea más llevadera? No te eches atrás cuando llevas tanto camino recorrido: sal y da la cara. Sus versos se mueven entre un norte duro y un sur cálido: busca, rebusca, escudriña y rastrea los misterios de la condición humana.

César Vallejo impregna sus palabras escritas de coraje; del coraje de una prosa vestida de versos. Si aún no lo conoces-¿a qué estás esperando?-, descúbrelo en Los heraldos negros; una poesía para el diálogo.

Espergesia

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de este enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha…
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico… Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben… Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda…
Y no saben que el Misterio sintetiza…
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

 César Vallejo

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