Por amor al dramaturgo neoyorkino Eugene O´Neill

Eugene O’Neill (Nueva York 1888- Boston 1953) fue un auténtico abanderado de la predestinación; lo que nos ocurre ya está escrito y cada uno tiene su propio telediario vital del que no puede huir. Hay que aceptar lo que te vaya llegando del mejor talante posible.

Hasta los treinta años se dedicó a viajar, a intentar sobrevivir como fuera o fuese, a caminar sin carretera ni ilusión fija, pasando por todas las penurias imaginables, y una vez se sintió crecido y con los frutos de la experiencia ya maduros, nació el artista; el escritor que gustaba del silencio pero que no callaba sus opiniones, gustaran más o menos.

Para Eugene la vida es una función trágica, ella es así, y los hombres son como son: o  lo tomas o lo dejas, no hay más vueltas que darle a la noria de las posibilidades.

Ternura, melancolía, escepticismo a lo bestia, el hombre que se siente identificado con la naturaleza desde el equilibrio, nostalgias, el destino que te busca incansable hasta dar contigo, el amor que nos cura, nos salva, nos regala colores, esperanzas… A Eugene le preocupaban los grandes temas-problemas del alma y la cabeza; de ahí que sus personajes parezcan estar borrachos de sentimientos, emociones, ganas y pasiones.

Su temática, vasta e inagotable, lo encaminó, sobre todo, dirección a los personajes más débiles y que más refugio necesitan; con ellos se sentía cómodo trabajando y creando.

Eugene O´Neill- Premio Nobel de Literatura, en 1936, y cuatro veces Premio Pulitzer- no buscaba soluciones en sus obras, le dejaba al lector, al espectador, que las buscara él. Y el dramaturgo, el autor, enfrentaba opiniones y situaciones muy interesantes, lo demás para nosotros…

Más allá del horizonte” obtuvo el Premio Pulitzer en el año 1920.

Se abre el telón, y lo primero que vemos es un campo y, sentado en una especie de zanja, aparece un muchacho de 23 años, alto y esbelto, que va vestido como un granjero, y que lee. Se llama Robert Mayo, y ama los libros. Con ellos puede volar, viajar de un lado a otro, y sin billete. De pequeño Robert fue un niño enfermizo y se prometió a sí mismo que cuando fuera mayor se daría el gusto de viajar y conocer mundo.

Robert se va dentro de unas horas, de madrugada, de viaje con su tío, el capitán Scott. Robert no ama la tierra, la granja; eso no es lo suyo, que sí lo de su hermano Andrew. Y éste entra en escena. Hablan, y Andrew reconoce su profundo cariño hacia la granja y todo lo que la envuelve. Andrew, que esta muy unido a su hermano, le confiesa la pena que tiene por su partida. Se despiden hasta la cena.

Ruth entra en escena, le pide a Robert que no se vaya, éste le confiesa que se va porque siendo pequeño se lo prometió, y porque la ama y cree que ella está enamorada de Andrew y éste de ella. Ruth le confiesa que lo ama a él, y le suplica que se quede. El amor le equivoca el destino, y decide abandonar sus sueños por Ruth y la granja. Cuando Andrew se entera del reciente compromiso de Ruth con su hermano decide, con el corazón encogido, marcharse con su tío Scott, y dejar de mirarse en la tierra para hacerlo en las aguas de la desconocida mar.

Pasan los años, y la granja se hunde con Ruth y Robert dentro. La fatalidad se ha cebado con el matrimonio, que no con Andrew, que ha sido relativamente feliz viajando y descubriéndose.

Robert sigue leyendo, es su única vía de escape. Se da cuenta de su error; se equivocó, pero ya no puede volver atrás. También lo hizo Ruth, y se lo reprocha a Robert.

Los personajes principales de “Más allá del horizonte” desafiaron sus destinos y confundieron al amor; las consecuencias fueron nefastas. Les faltó paciencia y diálogo; no quisieron escuchar, en ningún momento, a su voz interior, y se dejaron llevar por el camino de la perdición…

Categoría: Libros, Literatura, Teatro ~ ~ Trackback

Comments are closed.