Por amor al escritor estadounidense Irvin D. Yalom

” El día que Nietzsche lloró”, del escritor y profesor de psiquiatría Irvin D. Yalom, bucea, magistralmente, por las mentes y las almas de Josef Breuer y Friedrich Nietzsche.

Aunque se trata de una novela de ficción, todos los personajes que la habitan existieron. Unos fueron amigos, otros amantes, algunos conocidos y otros desconocidos. Los dos protagonistas, Breuer y Nietzsche, nunca llegaron a tratarse; pero qué hubiese ocurrido de haber coincidido, de haber llegado a intimar. Irvin D. Yalom te responde, en este interesante libro donde el psicoanálisis toma la escena como uno de los personajes principales.

Viena, diciembre de 1882: Sigmund Freud, la angustia, las cartas de Richard Wagner a Nietzsche, la soledad, lágrimas, el filósofo Paul Reé, la amistad, el deseo, amores que matan, comunicación, silencios, traiciones y Lou Andreas-Salomé alumbrarán la relación médico-paciente, paciente-médico, de Josef Breuer y Friedrich Nietzsche, finalmente convertidos en amigos.

Hay quienes no pueden aflojar sus propias cadenas, y sin embargo pueden liberar a sus amigos.

Debes estar preparado para arder en tu propio fuego: ¿cómo podrías renacer sin haberte convertido en cenizas?

Breuer a Nietzsche:

-No sé qué más puedo decir, excepto que gracias a usted sé que el secreto para estar bien consiste, en primer lugar, en desear lo que es necesario y, después, en amar lo que se desea.

Nietzsche llora en sueños; nunca antes había llorado..

¿Puede imaginar que sus lágrimas tienen voz?

¡¡Libertad!!!

Las lágrimas purifican.

Nietzsche a Breuer:

-Por primera vez revelo mi soledad en toda su profundidad, ¡ la soledad se esfuma!. La soledad sólo existe en soledad: una paradoja.

Breuer a Nietzsche:

-Usted mismo me enseñó que estamos compuestos de muchas partes y que cada una de ellas busca expresarse. Sólo somos responsables del compromiso final, no de los descarriados impulsos de cada parte.

Friedrich Nietzsche llora cuando Josef Breuer lo llama “querido amigo”.

-Amistad que ha llegado. Usted y yo nos hemos unido con este propósito. Cada uno ha participado en el proceso de autosuperación del otro. Yo soy su amigo. Usted es mi amigo. Somos amigos. Somos amigos.

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