“Fausto”, de Charles Gounod, y ” La Magdalena”, de Paul Cézanne: “Ten piedad de mí larga miseria”. (Baudelaire)
22 de May de 2009
Escrito por: Zahara
Por amor al compositor de música francés Charles Gounod (1818-1893)
La ópera “Fausto”, de Charles Gounod, con libreto -inspirado en el poema de Goethe - de Jules Barbier y Michel Carré, se estrenó el 19 de marzo de 1859, en el Teatro Lírico de París.
“Fausto”, ópera en cinco actos.
Fausto es un hombre de ciencia al que la vida lo tiene fuera de sí. Agotado, decide quitársela. Pero en el momento en el que va a iniciar su camino hacia el más allá, se le aparece el diablo, Mefistóteles. Éste trae consigo el retrato de una mujer bellísima. Mefistóteles quiere hacer un trueque con Fausto: su alma a cambio de volver a ser joven y del amor de la mujer del retrato. Fausto acepta el trato del demonio. Dicho y hecho. Fausto rejuvenece.
Mefistóteles hace de las suyas, y se da a conocer. La gente le tiene miedo, e intentan espantarlo.
Aparece en escena Valentín, quejándose porque se tiene que ir a la guerra y no quiere dejar sola a su hermana Margarita. Llega Fausto, reconoce a la hermana de Valentín: Margarita es la bellísima mujer del retrato que le enseñó el diablo. Fausto se emociona, le tiemblan las piernas. Se ofrece, galantemente, como protector de Margarita. Valentín puede marchar tranquilo porque él cuidará de su hermana. Margarita se sonroja y rechaza el ofrecimiento, dada la posición social de ambos. Fausto insiste.
Margarita tiene un enamorado perenne que se llama Siebel. Siebel quiere regalarle un ramo de flores a su amada pero todas se le marchitan ( parece ser que el diablo anda malmetiendo). Siebel piensa que sus flores son víctimas de un encantamiento, y les echa agua bendita para deshacerlo. Chico listo. Por fin, el ramo de flores de Siebel luce lindo y lo deja en la puerta de su deseada Margarita.
Mefistóteles le da joyas a Fausto para que se las regale a Margarita. Fausto coloca las joyas en la puerta de Margarita (a ver quién es el atrevido que hoy en día coloca joyas en la puerta de la casa de su novia). Cuando ésta sale, se encuentra con el ramo de Siebel y las joyas de Fausto. Margarita, entusiasmada, huele las flores y se coloca las joyas. Chica lista. Fausto y Mefistóteles la observan; el primero desea su corazón, el segundo su alma.
Acaba de llegar Marta, una amiga de Margarita. Mefistóteles, con la intención de dejar solos a sus dos futuras almas, corteja a Marta. El galanteo surge efecto.
Margarita y Fausto se van. Pasean. Se miran con los ojos de la pasión y se acaban jurando amor eterno. Se despiden. A Margarita le late el corazón a una velocidad de vértigo. En su habitación le pide a la noche que pase rápida. Ansía que amanezca un nuevo día, y volver a ver a su adorado Fausto.
Mefistóteles se relame y sonríe…
Ha transcurrido un año, y los cambios en las vidas de nuestros protagonistas se han amontonado, para mal.
Fausto después de conquistar a Margarita, la ha abandonado, y ésta se muere de la congoja.
Margarita reza y le pide consuelo a Dios. Mefistóteles se frota las manos: dos de dos, cree él.
Siebel, fiel, continúa suspirando por Margarita.
Valentín hace acto de presencia; acaba de regresar de la guerra, como el que regresa de un viaje. Se chala cuando se entera del trato que ha recibido su hermana Margarita por parte de Fausto.
Se avecina una tragedia; agárrate con fuerza a la butaca.
Valentín busca a Fausto, pretende matarlo. Lo encuentra. Arribó la tragedia. Luchan, y el que acaba muriendo no es Fausto sino Valentín, que fallece maldiciendo a su hermana Margarita.
Vamos in crescendo.
El drama se palpa en el ambiente. Margarita ha perdido la razón, y en un arrebato de locura, ya con el juicio podrido, mata al hijo que tuvo con Fausto. No es consciente de la atrocidad que acaba de perpetrar. La encarcelan y la condenan a muerte. Margarita reza, a marchas forzadas, y encomienda su alma a Dios.
Mefistóteles esta furioso porque piensa que el alma de Margarita le pertenece.
Fausto consigue entrar en la cárcel. Margarita lo reconoce pero ya no le queda lucidez. Fausto le suplica, le pide que se escape, él la ayudará a fugarse. Margarita ya no escucha, es tanto el peso de la pena que se almacena en sus entrañas que sólo anhela morir.
Mefistóteles, que posee el don de la oportunidad, hace ¡zas!, y de un soplido se presenta en la cárcel.
Margarita, reza que te reza.
El diablo está inquieto y enfadado con Fausto, porque éste no ha conseguido el alma del Margarita.
Las plegarias apresuradas y sinceras de la condenada parecen surgir efecto, y hete aquí que se presenta en la cárcel un completo coro de ángeles, que ni cortos ni perezosos, agarran a Margarita y se la suben al cielo. El diablo se acaba de quedar sin el alma de la bella Margarita. Así de sencillo.
Fausto baja al infierno con Mefistóteles, cabreado.
Aplausos, muchos. La función acaba de finalizar.
“Fausto”, de Charles Gounod
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Por amor al pintor francés Paul Cézanne (1839-1906)

“La Magdalena”, de Paul Cézanne, 1865-1868. Óleo sobre lienzo. París, Museé d’Orsay.
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