“Donde el corazón te lleve”, de Susanna Tamaro: y el silencio reventó…
Por amor a la escritora italiana Susanna Tamaro
Donde el corazón te lleve (Va dove ti porta il cuore ) es una carta abierta a los emociones de unas palabras que nunca se dijeron; llega un momento en el que éstas te golpean el alma, con fuerza desgarradora, hasta agujereártela…
Palabras llenas de angustias, por el tiempo que llevaban almacenadas en las entrañas del olvido; de haber sido dichas a tiempo, quizás, la vida de las protagonistas hubiera tenido otro destino, menos duro.
Olga está a punto de morir, y se da cuenta de que las palabras no expresadas la tienen asfixiada; le están pasando factura. A punto de iniciar el camino del adiós definitivo, Olga le escribe una carta de eternidades sinceras a su nieta; ninguna de las dos supo hablar ni escuchar a tiempo; portazos al aire para la intimidad.. Y las heridas del silencio que reclaman ser curadas…
Donde el corazón te lleve es un libro que te acerca a la reflexión de tu yo más escondido; ése al que le cuesta tanto decir en voz alta lo que siente, lo que le gustaría; el que tiene miedo y se esconde: merece la pena leerlo, hazme caso…
Susanna Tamaro ( Trieste, Italia, 1957) publicó Va dove ti porta il cuore ( qué bien suena en italiano, si parece que las palabras llevan música incorporada) en el año 1994. La novela fue traducida a 35 idiomas, y dio a conocer a su autora mundialmente; sólo en España vendió más de un millón de ejemplares…En 1996, la directora italiana Cristina Comencini llevó a la gran pantalla el libro de Susanna Tamaro…
A Susanna, Va dove ti porta il cuore le abrió las puertas internacionales, a lo grande. Y a los lectores nos espoleó nuestro interior, a lo grande, también….
Y, a ti, ¿adónde te lleva tu corazón? Un consejo: no dejes nunca que se te llene de silencios oxidados…
Acomódate y, si te apetece, toma nota…
Por amor a la lectura
Primero ponte cómodo, estás en tu casa…
Silla Barcelona, del arquitecto y diseñador alemán Ludwig Mies van der Rohe ( 1886- 1969)
En zarzamorarte, que nos gusta pensar en ti, inauguramos hoy una nueva sección: la recomendación de diez libros mensuales, que iremos comentando semana a semana.
1-El idiota, de Fedor Dostoievski
2-El hijo del acordeonista, de Bernardo Atxaga
2- Extraños en un tren, de Patricia Highsmith
3- Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro
4-The Master. Retrato de un novelista adulto, de Colm Tóibín
5 - Las cartas de amor, de Cyrano de Bergerac
6 - Escapada, de Alice Munro
7- Yerma, de Federico García Lorca
8- Zapatos italianos, de Henning Mankell
9- A sangre fría, de Truman Capote
10-La tournée de Dios, de Enrique Jardiel Poncela
Joaquín Giannuzzi, la poesía de lo cotidiano
Por amor al poeta argentino Joaquín Giannuzzi
La poesía es un modo de acceder a un conocimiento trascendente. Con mi poesía quiero plantear los enigmas de este mundo.
Se acaba de publicar Un arte callado (Ediciones del Dock, de la colección Pez náufrago), de Joaquín Giannuzzi; delicatessen, en formato versos, que recoge sus poemas no aparecidos en ningún libro y, también, sus poemas póstumos, algunos de ellos manuscritos. Un total de 60 exquisiteces más, que se añaden a la obra de un hombre cuyo oficio le llevó a escribir por un impulso a la vida.
La vida, la muerte -la que le quita todo sentido a la vida-, la condición del ser humano, la denuncia de las injusticias, el amor, la lluvia, lo que permanece, lo que se va, lo racional, la locura del hombre, la ambición de poder, la búsqueda, el encuentro, la partida; una existencia, sin metáforas, retratada con la belleza de lo esencial.
Joaquín Giannuzzi sabía sorprender, a propulsión. Lo demostró hasta en su último adiós.
Te estoy escuchando
Escucho tus movimientos en la habitación contigua;
tu respiración bajo la luz menguante,
cómo revuelves cosas
hurgando entre papeles, objetos que ceden a tu mano libre.
Una existencia en firme, imbatible, maciza, bien resuelta y
continua.
Mi perplejidad de este lado de la pared, alimentada
por tu rumorosa pulsación.
Si el misterio nos separa
como una lámina traslúcida
¿cómo creer en la indiferencia
con que el universo te deja en libertad?
Joaquín Giannuzzi
“Un millón de luces”, de Clara Sánchez: desde una torre muy alta de cristal
Por amor a la escritora guadalajareña Clara Sánchez
A propósito de una entrevista concedida para hablar de la publicación de Un millón de luces, una lectora le pidió a la escritora Clara Sánchez, nacida en Guadalajara (España), que le recomendara tres novelas, a lo que la autora le respondió:
“Desgracia, de Coetzee, Hotel Honolulú, de Pahul Theroux y estoy tentada de recomendarte la mía, Un millón de luces.”
Yo no es que esté tentada, es que considero que es una novela muy recomendable, mucho. ¿Por qué? Porque es una lectura amena, interesante, sencilla, que tiene la facilidad de implicarte, sutilmente; abres la primera página, lees, y ya te ha engachado; la autora nos lo pone muy fácil…
La protagonista, una escritora en apuros, entra a trabajar en La Torre de Cristal, un edificio de oficinas, donde las vidas de sus personajes nos demuestran lo frágil que es la línea que separa la realidad de la irrealidad.
Desde una torre muy alta se ven más luces, pero éstas se acaban confundiendo y difuminando, casi siempre..Lo mismo les ocurre a los personajes de la novela: sus vidas se entrecruzan; y lo inesperado se acaba convirtiendo en algo cotidiano, porque la sorpresa acaba tomando forma de luz que se diluye, poco a poco: se acaba de detener el tiempo.
Es septiembre, una época de inicios; qué mejor que comenzar leyendo una novela que te desnuda los sentidos…
“Una noche en vela”: la antología poética de César Simón
Por amor al poeta valenciano César Simón
César Simón era un hombre tranquilo, afable, con un brillo especial en su mirada, más que en sus ojos. Aunque despistado, no dejaba nunca pasar lo importante de la vida: era un nadador de pensamientos sensitivos.
César Simón fue un maestro, siempre; sencillo, sabio y humilde, como lo son los grandes. Cercano y en su mundo; el contraste de un poeta que disfrutaba de lo cotidiano tanto como de la música de su adorado Chopin.
Hablaba, muchas veces, sin apenas palabras; te observaba por encima de sus gafas, y lo entendías. Estar cerca/ a su lado/ con él era ver pasar el tiempo encima de una colina con olor a mar: todo era posible con César, el maestro: un hombre, un poeta y un profesor con la generosidad, enorme y azucarada, como compañera.
No tenía aires de grandeza, sólo de crecer; crecer como ser humano y descubrir nuevos caminos en su trayecto preferido, la poesía. La música se fusionaba en César, como el sentimiento con el amor.
Los que tuvimos la inmensa suerte de tratarlo, dialogar, reír y compartir con él; lo extrañamos.
Una noche en vela (Editorial Renacimiento, 2006) es la antología de su obra póetica, a cargo del poeta valenciano Vicente Gallego.
Hay que leer a César Simón; su obra te invita a la reflexión, al encuentro con las emociones desnudas que arrinconamos. Leyéndolo se te encogen hasta los suspiros; por lo hallado.
Su poesía es un encuentro con la voz del alma: de lo pequeño a lo que nos da la vida.
Nocturne, de Chopin
“El estupor y la maravilla”, de Pablo d’Ors: la conquista del amor siempre será la meta
Por amor al escritor madrileño Pablo d’Ors
Y tan significativa como “la entrada” 500 es la 501, por eso he querido dedicársela a uno de los libros que últimamente más me ha sorprendido: El estupor y la maravilla, de Pablo d’Ors ( Editorial PRE-TEXTOS).
Tanta fue la sorpresa que me llevé sin esperarla, que me leí sus flamantes 407 páginas -con su letra proporcionada- de un tirón; a la sombra de un árbol y con el sol como fondo.
¿Qué me hizo leer sin parar? El interés por una historia diferente, repleta de guiños inteligentes, que me indujo, con sabia sutileza, a tomar notas, doblar páginas, sonreír y pensar.
Qué destacaría: que la esperanza en un mañana mejor siempre es posible, si se sabe esperar…La búsqueda de lo realmente importante, a pesar de que tarde en llegar…
Lo que se cuenta: la vida de Alois Vogel como vigilante en el (imaginario) Museo de los Expresionistas de Coblenza.
Durante 25 años, Alois custodia con mimo y entrega las diferentes salas del museo a las que es destinado: de Franz Macke a Paul Klee, hasta llegar, en su 25 aniversario como vigilante, al amor de su vida: Gabriele Münter.
Este canto a lo sencillo y cotidiano, que apenas sabemos apreciar, una inmensa mayoría, da comienzo cuando Alois decide escribir sus memorias, animado por su mujer Gabriele, y relatar, con todo lujo de detalles, su grata experiencia como vigilante del museo: con 34 primaveras otoñales, la biografía de Alois cobra sentido, porque encuentra un motivo y un sentido a su caminar: su trabajo en el museo. A partir de este preciso momento-acontecimiento, toda su existencia, sus instantes, sus motivaciones y sus ilusiones girarán alrededor de sus quehaceres diarios en el lugar donde trabaja, siente y se reafirma. No tiene nada más, no quiere tenerlo: Alois es un solitario por decisión propia; no busca, se deja encontrar.
Va pasando de sala en sala, y de cada una de ellas aprende algo nuevo. Su primera sala: vigilar los cuadros de Franz Macke; aprovecha para contar su vida desde pequeño, sus primeras impresiones en el museo.
Lo trasladan a la Sala de Wassily Kandinsky, muy a su pesar. Alois se rebota, se enfurece, necesita expresar su desagrado, pero nadie da la cara; sólo una carta en su casillero le informa del cambio. Él busca respuestas, que no va a tener: comienza a espiar a sus compañeros; necesita ponerle cara al director del museo, al que considera el máximo responsable de su traslado.
Cambio a la Sala de Max Beckmann: las reuniones sindicales, el buzón de sugerencias. Alois comienza a hablar solo. Descubre desconchones en la pared y pintadas; entra en el juego, y pinta las paredes, a escondidas.
Me quedo con: “… que las palabras no suenan de igual modo pronunciadas a solas que con alguien presente. Frente a un interlocutor, las palabras se pierden en la comunicación; desaparecen, por decirlo así, al llegar a su destinatario. Por el contrario, pronunciadas a solas, esas mismas palabras quedan largo tiempo en la atmósfera, sin desvanecerse.”
Cambio a la Sala de Oskar Kokoschaka: en su sala hay un copista, al que él acaba imitando: “Al igual que los alumnos rodean al buen maestro mientras éste explica la lección, eran muchos los visitantes que, atraídos por su prodigioso hacer, se congrebaban en torno a un copista que realizaba su labor en un modesto rincón de la Sala Kokoschka.”
“Hasta esta fecha, yo había creído que para disfrutar de un cuadro al óleo convenía clausurar todos los sentidos menos la vista, de forma que nada la distrajese. Gracias al copista, comprendí que también pueden verse con los oídos y las manos; que la pintura puede escucharse, y que es precisamente así, con el oído y el olfato, con el tacto, como debe ser vista. En realidad, hay cuadros de Kandinsky y de Klee que sólo se pueden ver si primero se escuchan.”
Y de tantas horas en silencio, observando, mirando a las personas que entran y salen, se detienen, hablan, cuchichean:
“Tras una larga experiencia escuchando conversaciones interrumpidas y observando el comportamiento humano, he llegado a una doble conclusión: que el arte no es ni mucho menos el tema sobre el que más se conversa en los museos y que los bancos de las salas no se solicitan tanto por su escaso número cuanto por el cansancio que sólo el arte ( y la religión) pueden procurar.”
“De no haber trabajado en el Museo de los Expresionistas de Coblenza nunca habría sabido de las inmensas posibilidades y variaciones que admite eso que llamamos raza humana. Antes de ser vigilante, todos los seres humanos se me antojaban bastante parecidos entre sí, por no decir escandalosamente similares: todos teníamos brazos y piernas, sentimientos, prejuicios, temores, ideas…Había sí, diferencias entre unos y otros….pero todas las diferencuas eran insignificantes -o eso me parecía a mí- en comparación con las semejanzas. Fue en la Kokoschaka cuando tuve la impresión contraria: que las divergencias eran más notables y numerosas que los parecidos, de donde deduje que lo primero que suele verse es lo que une y sólo después aquello que nos separa.”
Cambio a la Sala de Piet Mondrian: su relación de amistad con la guardarropera Frau Loeffler; hasta que ésta muere, inesperadamente, al resbalarse en la bañera.
La compra compulsiva de libros de arte; la mayoría de ellos ni los acababa de leer.
Comienza a contar las baldosas del suelo; se aburre, su sala apenas recibe visitas; es una sala solitaria, como él.
Descubre una pequeña mancha en el techo; y su imaginación comienza a volar.
“La raíz del empobrecimiento espiritual de la vieja Europa radica en la incapacidad del europeo medio de tener los ojos cerrados durante cierto tiempo. Resulta incomprensible que no enseñen a los niños a tener los ojos cerrados y, sobre todo, a cerrarlos bien cuando es pernicioso para su crecimiento. Yo, por ejemplo, no supe cerrar los ojos hasta que me destinaron a la Mondrian. Gracias a Mondrian, o a su silenciosa sala, aprendí a cerrar los ojos y a sentarme sin hacer nada -una de las actividades humanas más elementales y, al mismo tiempo, más elementales.”
“Asistí a muchos milagros cuando aprendí a permanecer sentado con los ojos cerrados. Por de pronto, el inacabable mundo de los sonidos, indescriptible tanto en razón de sus múltiples matices como por sus infinitas combinaciones o mezclas.”
Sexto traslado de sala; a la de Paul Klee.
Revive los recuerdos pobres de su madre y de su padre…
Entra en su vida, a bocajarro, el cuadro de El equilibrista, de Paul Klee. Alois se siente identificado con ese equilibrista. Comienza a buscar reproducciones del cuadro de Klee. Las pega en un álbum, que guarda con sigilo.
“…mi Álbum del equilibrista no es, simplemente, un homenaje a El equilibrista de Paul Klee, sino a todo el museo e, incluso, a todos los museos de mundo y- no exagero- al arte en general. Quiero decir que la mejor forma de conocer muchas cosas es atender sólo a una..”
Comienza a viajar guiado por las rayas de su pantalón: su imaginación ya se ha independizado de él mismo; ya posee vida propia.
Aparece en escena la mosca Klee.
Y de Klee al amor de su vida: Gabriele Münter.
“Nada sucede exactamente como imaginamos; la imaginación nunca sabe ser tan espléndida como la realidad”
Celebra los 25 años como vigilante en el museo, y Gabriele lo está esperando en la puerta de su casa. No te cuento cómo ni por qué; lo tienes que descubrir por ti mismo; es un giro del destino fantástico.
Después de tanto tiempo, Alois reflexiona acerca de lo vivido; por supuesto, en el museo.
“Si pudiese trabajar en este museo otros veinticinco años, seguramente continuaría descubriendo otras tantas compañías secretas…….Ahora me doy cuenta de lo acompañado que he estado siempre: siempre he tenido la sombra de los objetos, las voces de los visitantes, mi reflejo en un cristal; siempre he gozado de una figura femenina atravesando el patio de las columnas, de un papelito con un nombre de una dirección, de una guardarropera que me esperaba rodeada de perchas …….; y he admirado, con la lupa en el bolsillo, el generoso arte del copista, tan anónimo y necesario…..he hecho excursiones por mi pantalón y, en fin, he visto a Dios mismo en una mosca que vino a visitarme a mi sala durante nueve días…”
Y la conclusión a una vida, a un dejarse, por fin, encontrar:
“Lo más grande de mi vida ha sido Gabriele porque fue ella quien me hizo ver que mi vida era grande, ella fue quien me ayudó a entender que no existe una sola vida humana que no merezca ser contada…”
El estupor y la maravilla, de Pablo d’Ors: un soplo literario fresco y elocuente para degustar con los cinco sentidos.
Regresamos a un lugar donde se viaja a través de los libros: El Club Literario
Por amor a Daniel Burrueco
Ésta es nuestra “entrada” número 500 y, para celebrarla, hemos querido volver a un sitio que nos tiene, irremediablemente, conquistados, por su inmejorable saber hacer y porque es uno de nuestros rincones virtuales preferidos: El Club Literario.
En estos instantes están comentando y leyendo Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas LLosa. Esta lectura llegará a su fin el día 12 de julio.
Aún estás a tiempo: hoy 10 de julio terminan las votaciones para decidir qué libro se leerá durante las próximas semanas: ¡Anímate!
Éstos son los títulos que se están votando en estos momentos: El túnel, de Ernesto Sábato. La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. El péndulo de Focault, de Umberto Eco y El beso de la mujer araña, de Manuel Puig. Por ahora, el que más puntos tiene es El túnel, de Ernesto Sábato.
Ya son 5522 socios los que forman este espacio de encuentro con los libros y el diálogo; personas llegadas desde todas las partes del mundo, que se sienten en El Club Literario como en su casa.
Este Club Literario es una sorpresa contínua; tienen de todo como en botica, y van a más: biografías de tus autores preferidos, un espacio para los cinéfilos y literatos, el diccionario Panhispánico del Club, rincones de literatura histórica, erótica, de teatro, poesía, bitácoras; y más, siempre a más y mejor.
El Club Literario: el lugar donde miles de personas se reúnen para compartir momentos y lecturas.
Por cierto: te están esperando para darte la bienvenida…
El inspector Dupin: al servicio de su majestad Edgar Allan Poe
Por amor al escritor estadounidense Edgar Allan Poe
He aquí el maestro de la llamada novela negra, el fundador, el padre, el que inauguró el género: Edgar Allan Poe. Sin sus aportaciones, a saber qué, cómo, dónde y cuándo.
En 1841 Edgar Allan Poe estrenaba el género policial, de novela negra o como se quiera llamar, con Los crímenes de la calle Morgue, el primer relato de detectives de la historia de la literatura.
Y aparece en escena, dispuesto a resolver los casos- por muy complejos que éstos sean- el inspector Auguste Dupin; atento, brillante, extravagante, analítico y extraordinario.
El inspector Dupin protagonizó Los crímenes de la rue Morgue, El misterio de la Marie Rogêt y La carta robada, reunidos en una trilogía por obra y gracia de la editorial Seix-Barral, y traducidos por Julio Cortázar.
Los placenteros efectos que producen las novelas de Agatha Christie en el cerebro
Por amor a la escritora Agatha Christie
Según un informe realizado por expertos en Neurolingüística de la Universidad de Londres, los libros de Agatha Christie “utilizan pautas de lenguaje que estimulan de manera más elevada de lo habitual la actividad cerebral. La escritora usaba frases comunes que actuaban como un disparador para elevar los niveles de serotonina y endorfinas, los mensajeros químicos que inducen al placer y a la satisfacción”
Aún hay más: ¿El secreto de su éxito? Que se trataba de auténticos opiáceos neurológicos.
Próximamente: los libros de Agatha Christie serán recetados y se podrán comprar, bajo prescripción médica, en las farmacias.
Mientras tanto, estimulemos nuestros cerebros con una buena dosis de Agatha Christie.
Con el permiso de William Shakespeare, Agatha Christie es la escritora que más ha vendido ( detrás de William), hasta el momento presente: más de mil millones de ejemplares en lengua inglesa y otros mil millones en 45 idiomas extranjeros. Que no es poco.
Sus armas literarias para conquistarnos: hacernos partícipes activos de la historia, entregándonos toda la información posible para resolver, junto al excepcional y quisquilloso Hércules Poirot, o a la vera de la dulce y sagaz Miss Marple, los casos: observar, reflexionar y deducir, sin dejar de observar. Agatha nos convirtió, en cierta manera, en detectives aficionados; sólo hay que leer alguno de sus libros para comprobarlo.
Hacer una selección de dos títulos entre su vasta e interesante obra es un cometido harto difícil; pero nos gusta lo complicado.
La muerte de Lord Edgware y Asesinato en el Orient Express: en los dos libros, Hércules Poirot aparece en escena en el momento justo; por las no-casualidades que tiene, también, la vida de ficción.
XXI Semana Negra de Gijón: con la misma ilusión de siempre, o más
Por amor a la Semana Negra de Gijón
