Por amor al pintor francés Jean Auguste Dominique Ingres
“Rafael y la Fornarina”, de Jean Auguste Dominique Ingres. Óleo sobre lienzo, 1814. Fogg Art Museum
Por amor al poeta gallego Manuel Rivas
LA PANADERA DE INGRES
A Dios y a Perla
A esa hora
se siente un cuerpo
hecho de trapos viejos
con costras de pigmentos,
palabras amputadas,
manos blasfemas
cenizas de llamas, decantaciones
surcos lacrimosos de cera,
el sobrante oleoso de la poda de sombras,
el motín de las cosas despreciadas,
las culpas amontonadas en las esquinas,
la escoria de los trazos,
el instante tóxico, el sublime tullido,
el místico veneno,
la luz resentida en el yacimiento de espirales,
la ciénaga del suelo,
una llanura de viento insomne,
ánimas de los murciélagos en las púas de la alambrada,
ovejas a roer el cuero de las hierbas,
la enigmática organización de la niebla ,
el malestar petrificado del destino,
el crujir de la aurora florentina
en la ventana del estudio.
Al fin, Jean Ingres cede. Se atreve. Tensa el temblor.
Pinta la espalda más bella de la historia de los cuerpos
desnudos.
La de Margherita, hija del panadero Francesco Luti,
En 1518, Rafael Sanzio
se dispone a acariciar aquella curva
y ella, la Fornarina,
sentada en el regazo del pintor y amante,
mira a Ingres con un replandor irónico de esposa,
año 1814.
Manuel Rivas
Este poema habita en el último libro de poesías de Manuel Rivas ” La desaparición de la nieve”. Un lugar -su poemario- en el que los sentimientos se balancean al ritmo de las palabras vivas, en gallego, catalán, vasco y castellano.
Si no tuviste la oportunidad de disfrutar -en directo-, de “Estructura y orden“, de David Rodríguez Caballero: alumnios tridimensionales; obras que retan a la luz y traspasan la frontera que existe entre la pintura y la escultura. No puedes -no deberías, acepta este consejo- perderte Plegados/Plegats, alumnios con frescos y cómplices desafíos creativos. Con otra manera de mirar y dejarse ver. Para empezar, la luz tiene vida propia en estos nuevos alumnios. Para acabar, el artista los ha curvado.
Por amor al compositor de música francés Charles Gounod (1818-1893)
La ópera “Fausto”, de Charles Gounod, con libreto -inspirado en el poema de Goethe - de Jules Barbier y Michel Carré, se estrenó el 19 de marzo de 1859, en el Teatro Lírico de París.
“Fausto”, ópera en cinco actos.
Fausto es un hombre de ciencia al que la vida lo tiene fuera de sí. Agotado, decide quitársela. Pero en el momento en el que va a iniciar su camino hacia el más allá, se le aparece el diablo, Mefistóteles. Éste trae consigo el retrato de una mujer bellísima. Mefistóteles quiere hacer un trueque con Fausto: su alma a cambio de volver a ser joven y del amor de la mujer del retrato. Fausto acepta el trato del demonio. Dicho y hecho. Fausto rejuvenece.
Mefistóteles hace de las suyas, y se da a conocer. La gente le tiene miedo, e intentan espantarlo.
Aparece en escena Valentín, quejándose porque se tiene que ir a la guerra y no quiere dejar sola a su hermana Margarita. Llega Fausto, reconoce a la hermana de Valentín: Margarita es la bellísima mujer del retrato que le enseñó el diablo. Fausto se emociona, le tiemblan las piernas. Se ofrece, galantemente, como protector de Margarita. Valentín puede marchar tranquilo porque él cuidará de su hermana. Margarita se sonroja y rechaza el ofrecimiento, dada la posición social de ambos. Fausto insiste.
Margarita tiene un enamorado perenne que se llama Siebel. Siebel quiere regalarle un ramo de flores a su amada pero todas se le marchitan ( parece ser que el diablo anda malmetiendo). Siebel piensa que sus flores son víctimas de un encantamiento, y les echa agua bendita para deshacerlo. Chico listo. Por fin, el ramo de flores de Siebel luce lindo y lo deja en la puerta de su deseada Margarita.
Mefistóteles le da joyas a Fausto para que se las regale a Margarita. Fausto coloca las joyas en la puerta de Margarita (a ver quién es el atrevido que hoy en día coloca joyas en la puerta de la casa de su novia). Cuando ésta sale, se encuentra con el ramo de Siebel y las joyas de Fausto. Margarita, entusiasmada, huele las flores y se coloca las joyas. Chica lista. Fausto y Mefistóteles la observan; el primero desea su corazón, el segundo su alma.
Acaba de llegar Marta, una amiga de Margarita. Mefistóteles, con la intención de dejar solos a sus dos futuras almas, corteja a Marta. El galanteo surge efecto.
Margarita y Fausto se van. Pasean. Se miran con los ojos de la pasión y se acaban jurando amor eterno. Se despiden. A Margarita le late el corazón a una velocidad de vértigo. En su habitación le pide a la noche que pase rápida. Ansía que amanezca un nuevo día, y volver a ver a su adorado Fausto.
Mefistóteles se relame y sonríe…
Ha transcurrido un año, y los cambios en las vidas de nuestros protagonistas se han amontonado, para mal.
Fausto después de conquistar a Margarita, la ha abandonado, y ésta se muere de la congoja.
Margarita reza y le pide consuelo a Dios. Mefistóteles se frota las manos: dos de dos, cree él.
Siebel, fiel, continúa suspirando por Margarita.
Valentín hace acto de presencia; acaba de regresar de la guerra, como el que regresa de un viaje. Se chala cuando se entera del trato que ha recibido su hermana Margarita por parte de Fausto.
Se avecina una tragedia; agárrate con fuerza a la butaca.
Valentín busca a Fausto, pretende matarlo. Lo encuentra. Arribó la tragedia. Luchan, y el que acaba muriendo no es Fausto sino Valentín, que fallece maldiciendo a su hermana Margarita.
Vamos in crescendo.
El drama se palpa en el ambiente. Margarita ha perdido la razón, y en un arrebato de locura, ya con el juicio podrido, mata al hijo que tuvo con Fausto. No es consciente de la atrocidad que acaba de perpetrar. La encarcelan y la condenan a muerte. Margarita reza, a marchas forzadas, y encomienda su alma a Dios.
Mefistóteles esta furioso porque piensa que el alma de Margarita le pertenece.
Fausto consigue entrar en la cárcel. Margarita lo reconoce pero ya no le queda lucidez. Fausto le suplica, le pide que se escape, él la ayudará a fugarse. Margarita ya no escucha, es tanto el peso de la pena que se almacena en sus entrañas que sólo anhela morir.
Mefistóteles, que posee el don de la oportunidad, hace ¡zas!, y de un soplido se presenta en la cárcel.
Margarita, reza que te reza.
El diablo está inquieto y enfadado con Fausto, porque éste no ha conseguido el alma del Margarita.
Las plegarias apresuradas y sinceras de la condenada parecen surgir efecto, y hete aquí que se presenta en la cárcel un completo coro de ángeles, que ni cortos ni perezosos, agarran a Margarita y se la suben al cielo. El diablo se acaba de quedar sin el alma de la bella Margarita. Así de sencillo.
Fausto baja al infierno con Mefistóteles, cabreado.
Aplausos, muchos. La función acaba de finalizar.
“Fausto”, de Charles Gounod
Por amor al pintor francés Paul Cézanne (1839-1906)
“La Magdalena”, de Paul Cézanne, 1865-1868. Óleo sobre lienzo. París, Museé d’Orsay.
Por amor a la pintora italana Sofonisba Anguissola (Cremona, 1532 - Palermo, 1625)
A pesar de vivir en una sociedad en la que el hombre pautaba el ritmo y la existencia de las mujeres, Sofonisba logró hacerse un hueco -brillante hueco- en el mundo del arte. Difícil el cometido de Sofonisba. Si tenemos en cuenta que las mujeres no tenían ni voz ni voto, que no se las dejaba estudiar en las universidades, ni escribir, y que ni tan siquiera podrían cobrar por sus trabajos, Sofonisba tuvo una actitud valiente.
Pero, afortunadamente, no todos los hombres de su época rechazaron su talento, sólo por ser mujer. Vivió durante dos años en Roma (1554-1556), allí tuvo un consejero excepcional; Miguel Ángel Buonarroti, que por entonces contaba con 75 otoños.
Muchas de sus obras fueron adjudicadas a otros pintores, y se le negó, durante muchos años, el lugar que le corresponde en la Historia del Arte.
En el libro- imprescindible- de Ángeles Caso, “Las olvidadas. Una historia de mujeres creadoras”, encontrarás la historia de Sofonisba Anguissola, al completo.
Retrato de Felipe II, que se le atribuyó durante bastante tiempo a Alonso Sáchez Coello, pintor activo de la corte de Felipe II.
La mano del hombre que mecía el arte a su favor.
Este retrato, el de Felipe II, lo realizó Sofonisba Anguissola, como tantos otros…
Autorretrato, de Sofonisba Anguissola, 1955. Museo Lancut, Polonia.
“La de los aluminios es una línea que surgió en 1999, en Nueva York, y que vengo desarrollando de manera continua desde entonces. Dentro de mi proceso de investigación con este material, ahora hay un paso hacia la tridimensionalidad, una evolución que aproxima mis aluminios al concepto de la escultura. A diferencia de las realizadas en fases anteriores, que funcionaban en serie, las nuevas piezas tienen entidad por sí mismas.”
”“Los nuevos aluminios son de gran formato y, aunque tienen el tratamiento de erosión que era normal en mi trabajo con este material, en este caso están conformados a través de pliegues geométricos. También la aplicación del color es diferente, ya que he abandonado el óleo por la pintura industrial en spray, interviniendo en el anverso y el reverso de la pieza para hacer que el espectador la rodee y descubra un matiz de color que en ocasiones no es tan evidente. Estos nuevos aluminios son una evolución de los anteriores, a los que se ha añadido la técnica de plegado del papel que utilizo en mis Origamis”
“Los vinilos que completan la exposición se presentan como piezas gestuales, de apariencia monocroma, y que se alternan entre los grandes formatos y tamaños más reducidos. Como ya se ha podido ver en otras exposiciones (Vinilos/ Vynils, Galería Marlborough Madrid, 2007), la yuxtaposición de sus capas permite apreciar los estratos inferiores de la obra, generando un efecto de vibración pictórica.”
“Estructura y orden“ tomará forma definitiva con la edición de un catálogo bilingüe, en castellano e inglés, en la que el comisario de esta exposición, Javier Molins, le dará el pase definitivo a las nuevas obras del artista plástico David Rodríguez Caballero.
David Rodríguez Caballero trabajando en sus nuevos aluminios de gran formato: abrazando la tridimensionalidad, y emparentándose con lo escultórico….
“Adoro trabajar en historias abandonadas en beneficio de los titulares, los huérfanos periodísticos. A menudo, las mejores imágenes, las más convincentes, son relegadas a la sombra junto con las historias y pasan prácticamente desapercibidas.”