La Sinfonía, para ocho voces y gran orquesta, la compuso el compositor italiano Luciano Berio (1925-2003), a lo largo y ancho del año 1968.
El segundo movimiento de la Sinfonía -O king- está dedicado a la memoria de Martin Luther King, asesinado en 1968.
“Indescriptible”, de la poetisa cartageneraCarmen Conde (1907-1996): un poema donde la esperanza sale victoriosa.
Y nunca viene ni está de más recordar- una y mil veces- que Carmen Conde fue la primera mujer que ingresó en la Real Academia Española, en 1978.
Indescriptible
Esperar es peor que nacer,
porque solamente espera el que se muere
de esperar sin hacerse con la vida
otra cosa que esperar. El esperarte.
Y atada a esa tu espera que me gasta
y que gasta tu vida sin traerte,
aquí me estoy muriendo de ansiedades
porque cabe, tremenda, esta esperanza.
Cada día, ¡oh tú que te retrasas!
sin saber que nos vamos alejando,
es menor la distancia irreparable
de pensar, de esperar, que nos aleje.
Y aquí sigo esperando, nada intento
por huir al tormento de tu espera.
Ya no sé si allá fuera de mi vida
quedan otros o no, queda quien ande!
solamente por ti, por cuando llegues,
a solas esperándote te espero.
Carmen Conde
Y de la poesía al séptimo arte: hoy se estrena en los cines españoles “5 metros cuadrados”, del director Max Lemcke, con guión de Pablo Remón y Daniel Remón.
“5 metros cuadrados”está protagonizada por Fernando Tejero,Malena Alterio, Manuel Morón, Emilio Gutiérrez Caba, Secun de la Rosa y Jorge Bosch.
“5 metros cuadrados”: una historia que no te puede dejar indiferente, porque cualquiera, y sin necesidad de ficción, la podía haber protagonizado.
Imagínate que te vas a casar con la persona de tus sueños. Ya tenéis el amor, queda un hogar donde poder darle rienda a todos esos sentimientos y proyectos en común. Os compráis sobre plano un piso en las afueras de una gran ciudad ( pero que no está lejos,) confiados, claro. Antes de firmar la hipoteca que os perseguirá durante los próximos cuarenta años, juntáis, emocionados, hasta el último céntimo que tenéis para darlo como entrada. Pero lo inesperado os va a dar un mazazo; las obras de la casa que habéis comprado con tantas ilusiones, amén de que os habéis quedado sin un euro en vuestra cuenta bancaria, se detienen sin previo aviso e indefinidamente: ¿quién sabe dónde cuándo y cómo?
¿Y, ahora, qué hacéis? Álex y Virginia, la pareja protagonista que se hipoteca e ilusiona en “5 metros cuadrados”, lo tienen muy claro: a por todas.
En 1893 se estrenaba en París Pelléas et Mélisande del dramaturgo belga Maurice Maeterlinck ( uno de los autores más representativos del simbolismo).
Claude Debussy (1862-1918) le pidió permiso a Maurice Maeterlinck (1862-1949)para utilizar su texto como libreto de ópera, y éste acepto. Debussy estuvo ocho años trabajando en su ópera: Pelléas et Mélisande se estrenaba el 30 de abril de 1902 en la Opéra-Comique de París.
La escena se sitúa en Allemonde, un reino imaginario. Su rey se llama Arkel y tiene dos nietos, Pelléas y Golaud.
Durante una cacería, Golaud se extravía en el bosque. Junto a un río encuentra a una bellísima y enigmática joven, Mélisande, que ha perdido en el agua una corona que no quiere recuperar. Cae la noche, y Mélisande se va con Golaud. Y con el tiempo y sus vueltas, Mélisande y Golaud se acaban casando; ella dejándose llevar y él amándola como su más preciada posesión.
Golaud le escribe a su abuelo Arkel: le comunicarle que se ha casado y le pide permiso para vivir en el castillo con su mujer. La carta se la lee Geneviéve, madre de Pelléas y Golaud, al rey Arkel. Éste acepta la petición de su nieto, a pesar de que ya le tenía preparada una boda de conveniencia con una princesa. Mientras Geneviéve está leyendo la carta, aparece Pelléas, hermanastro de Golaud; quiere que su abuelo le dé su beneplácito para visitar a un amigo que se está muriendo. Su abuelo le recuerda que su padre también está enfermo y que no debería abandonar el castillo.
Golaud y Mélisande llegan en un barco a Allemonde. Mélisande y Pelléas se encuentran y se reconocen; el amor entra en escena, y sólo un final trágico lo detendrá.
Mélisande pasea con Geneviéve por los jardines del castillo, se une a ellos Pelléas. Ven zarpar un barco. Geneviéve se va, y se quedan solos Mélisande y Pelléas. Éste le dice que pronto se irá del castillo, Mélisande le sugiere, a lo subliminal, que no se vaya.
Aumentan los encuentros entre Mélisande y Pelléas. Un día, paseando por el bosque, Mélisande pierde su anillo de bodas en una fuente; mientras, de fondo, sonaban doce campanadas anunciando el mediodía. Mélisande está preocupada; no sabe qué decirle a su marido. Pelléas le sugiere, a lo directo y sin más contemplaciones, que le diga ” la verdad”.
Mélisande llega al castillo y se encuentra a su marido tumbado en la cama: se cayó cazando; mientras se caía, de fondo, sonaban las doce campanadas del mediodía.
Golaud se da cuenta de que su mujer no lleva el anillo. Mélisande no quiere contarle “la verdad” y, nerviosa, le dice que ha perdido el anillo en una gruta junto al mar. Golaud le pide que la busque, pero que no lo haga sola, que la acompañe Pelléas. Van -a pesar de que los dos saben que el anillo no está en la gruta-, para que Mélisande se la pueda describir a Golaud.
Pelléas ha decidido que se va del castillo. Antes de irse quiere despedirse de Mélisande, que se está peinando su larguísima cabellera en la ventana de la torre del castillo. Mélisande: peina que te peina y canta que te canta. Aparece Pelléas y le dice que se va a la mañana siguiente. Mélisande, al asomarse por la ventana, suelta su interminable melena; tan interminable que llega hasta donde está Pelléas. Y tanto da de sí la melena de Mélisande, que la pudo atar en un árbol. Golaud observa la escena. Sus celos le gritan, y él los intenta aplacar intentando justificar lo que ha presenciado; pero la mosca cojonera de las sospechas ya se ha instalado en las dos orejas de Golaud.
Golaud tiene que hacerle entender a su hermanastro que su mujer es suya y de nadie más. De una manera poco sutil y brusca, lo asoma a un oscuro precipicio. Después del susto, le lanza un mensaje: mi mujer está embarazada, aléjate de ella.
Golaud tiene un hijo, Yniold, de un anterior matrimonio. Golaud, ya con los escrúpulos hechos añicos, utiliza a su hijo para que espíe a Pelléas y Mélisande. Golaud lleva la furia de los celos encendida y desatada; unos celos que le exigen venganza.
Pelléas quiere despedirse, en la intimidad, de Mélisande, y la cita en el bosque. Mélisande sale al encuentro de Pelléas, pero en el camino se encuentra con el rey Arkel; conversan animadamente. Aparece Golaud, enfurecido y ciego de celos. Sin importarle la presencia de su abuelo, agrede a Mélisande.
Por fin, los dos amantes se encuentran y hablan, sin temor, de lo que sienten; se aman, lo confiesan. El beso que estaba sellando su amor es interrumpido por la espada de Golaud, que hiere a Mélisande y mata a Pélleas.
Mélisande, muy enferma por las heridas que le ha causado la espada vengativa de su marido, da a un luz a una niña. Antes de morir, Golaud la interroga. Mélisande muere sin remordimientos.
Se cierra el telón. Aplausos, muchos aplausos.
Dos poemas de Leonard Cohen
Qué hago aquí
No sé si el mundo ha mentido
Yo he mentido
Yo no sé si el mundo ha conspirado contra el amor
Yo he conspirado contra el amor
El clima de tortura no constituye ningún consuelo
Yo he torturado
Aunque no hubiera existido la nube en forma de hongo
habría odiado
Escuchadme
Yo habría hecho las mismas cosas
aunque no existiera la muerte
Me niego a que se me sujete como a un borracho
bajo el frío grifo de los hechos
Yo rechazo la coartada universal
Como un ninfomaníaco que ata a un millar
en una extraña hermandad
Yo espero
a que cada uno de vosotros confiese .
Destino
Quiero que tu cálido cuerpo desaparezca
educadamente y me deje solo en la bañera
porque quiero considerar mi destino.
¡Destino! ¿por qué me encuentras en esta bañera
ocioso, solo, sin lavar, sin siquiera
la intención de lavarme excepto en el último momento?
¿Por qué no me encuentras en lo alto de un poste de teléfonos,
reparando las líneas que van de ciudad a ciudad?
¿Por qué no me encuentras cabalgando a través de Cuba,
un hombre gigantesco con un machete rojo?
¿Por qué no me encuentras explicando máquinas
a pupilos poco privilegiados, españoles negroides,
contentos de que no sea un cursillo sobre escritura creativa?
Vuelve aquí pequeño y cálido cuerpo,
es la hora de otro día.
El destino ha huido y yo te elijo a ti
que me encontraste mirándote fijamente en un almacén
una tarde hace cuatro años
y has dormido conmigo desde entonces.
¿Qué te parecen mis ojos de pescador después de todo este tiempo?
¿Soy lo que esperabas?
¿Acaso estamos demasiado tiempo juntos?
¿Acaso se avergonzó el destino ante la doble toalla turca,
nuestro conocimiento de nuestras pieles,
nuestro amor que es proverbial en todo el bloque,
nuestro acuerdo de que en cuestiones espirituales
yo debo ser el Hombre del Destino
y tú la Mujer de la Casa?
Canons 22, escultura de Elena Asins en piedra brasileña. Escultura que se encuentra en el malecón de Zarautz, 1997.
Y todo ese largo y díficil camino- siguiendo siempre su premisa, a través de un lenguaje coherente, de que en el arte hay que experimentar- intentando demostrar que el maridaje entre la informática y el arte es férreo, fructífero e inagotable, ha ido dando sus frutos a lo largo y ancho de su vasta y fecunda trayectoría artística: exposiciones y conferencias por todo el mundo, libros, poemarios, investigaciones en las mejores universidades ( como ejemplo: en la Universidad de Columbia tuvo como compañero al lingüista y filósofo Noam Chomsky) y con profesionales de todas las disciplinas artísticas posibles, críticas de arte, además de numerosos reconocimientos varios y variados. Y uno de esos reconocimientos se materializó el martes cuando el Ministerio de Cultura Español le concedió el Premio Nacional de Artes Plásticas 2011.
Ajena a las modas dentro del arte, a los prejuicios y a los enjuciamientos fuera de tono, ella ha construido su obra- sus cosas- con un discurso muy suyo, pero esencial.
Elena Asins posa junto a una de sus obras el día que presentó su exposición “Elena Asins.Fragmentos de la memoria” en el Museo Reina Sofía. (Fotografía: Joaquín Cortés/ Román Lores)
De aspecto frágil, su mente está dotada de una creatividad poderosa, sublime; una mente que le ha hecho adelantarse a su tiempo en unas cuantas ocasiones: Elena Asins ha sabido convertir lo inhóspito del mundo del arte en transitable y lo imposible en posible.
Elena Asins es, sobre todo, una investigadora del arte; de un arte que siempre ha querido compartir con todos.
El artista belga Rinus Van de Velde (Leuven, 1983), que vive y trabaja en Amberes, estará, hasta el día 22 de octubre, en la Tim Van Laere Gallery con una exposición de dibujos sobre papel: una nueva serie de pequeñas y singulares historias que dan vida a una gran e interesante historia.
RINUS VAN DE VELDE
The costume of a disciple, 2011 /120 x 102 cm/charcoal on paper
La guitarrista norteamericana Sharon Isbin acaba de publicar “Guitar Passions”: un álbum cargado de infinita pasión por la guitarra. Acompañada de sus amigos Steve Vai, Stanley Jordan, Steve Morse, Rosa Passos, Romero Lubambo, Nancy Wilson, Paul Winter y Gaudencio Thiago de Mello, Sharon Isbin&Friendsinterpretarán obras de Albéniz, de las hermanas Wilson, de Antonio Carlos Jobim o del maestro Rodrigo, entre otras.
Asturias, de Isaac Albéniz, interpretada por la guitarrista Sharon Isbin
La semana pasada, “Mientras duermes”, del director Jaume Balagueró, se presentó en el Festival de Sitges con una excelente acogida de público y crítica.
“Mientras duermes”, protagonizada por Luis Tosar y Marta Etura, se estrena en los cines españoles, y tú no te la puedes perder.
Un edificio de apartamentos en la calle Provenza de Barcelona. Un portero sociópata que finge ser lo que no es: simula ser una persona amable, cordial, pero, a solas, cuando no se siente observado, saca a pasear al monstruo que lleva dentro.
Una mujer que sonríe, de manera natural, y el portero, el sociópata, que no soporta esa aparente felicidad dibujada en la fachada de una sonrisa. Y ese mismo portero, desde su posición, escarba y abre agujeros en la vida de los vecinos del edificio en el que trabaja, hasta ocasionarles un intenso dolor; y él, mientras tanto, disfrutará con su crueldad.
“Mientras duermes”, guión de Alberto Marini: suspense llevado a su punto más álgido.
Hasta el próximo 13 de noviembre podrás disfrutar en el CAC Málaga de la primera exposición individual- A BLACK HOLE OF NEEDS, HOPES AND AMBITIONS- en España de la artista Monica Bonvicini ( Venecia, 1965).
“Me decidí a hacer arte porque era la única forma de ser obrero e intelectual a la vez” (Monica Bonvicini)
La siempre mágica ciudad de Nueva York vista por dos artistas con ganas de expresarse: las palabras de Federico convertidas en poesía se alían con unas imágenes de José Antonio.
La poesía y la fotografía se acaban de citar en Manhattan. El tiempo no importa; las instantáneas se visten de blanco y negro para eliminar las distancias temporales.
Federico García Lorca vivió en Nueva York desde el 25 de junio de 1929 hasta el 4 de marzo de 1930. Nueva York lo dejó impresionado; y fruto de ese impacto, Poeta en Nueva York cobró la forma de un bello poemario protesta. Reclamaba el poeta en sus versos una sociedad más humana, más justa, más solidaria y menos alienada.
“Poeta en Nueva York. Cita en Manhattan” ( Editorial Lunwerg, especialistas en libros de arte): 130 páginas -en español y en inglés- alumbrando emociones paralelas; las de Federico García Lorca,el poeta, y las de José Antonio Robés, el fotógrafo.
“Poeta en Nueva York. Cita en Manhattan”: una obra de arte al alcance de cualquiera.
Después de varias nominaciones, por fin, el escritor, poeta y traductor sueco Tomas Tranströmer ( Estocolmo, 1931) ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2011, entre otros muchos motivos -dice la Academia Sueca-:”porque, a través de sus imágenes condensadas y translúcidas, nos da un acceso fresco a la realidad”. Bonito y refrescante motivo.
Después de una larga sequía
Ahora mismo el verano es gris; noches extrañas.
La lluvia se desliza desde el cielo
y en calma aterriza
como si se tratase de sorprender a alguien que duerme.
Los círculos de agua pululan en la superficie de la ensenada
y es la única superficie que hay
-lo otro es altura y profundidad,
ascender y hundirse.
Dos troncos de abeto
emergen y se estiran en largas, huecas señales de tambor.
Lejos están las ciudades y el sol.
El trueno está en la hierba alta.
Es posible llamar a la isla de los espejismos.
Es posible oír esa voz gris.
Para el rayo, el hierro es miel.
Uno puede vivir con su código.
(de La barrera de la verdad, 1978)
Soledad
I
Aquí estuve a punto de morir una noche de febrero.
El auto patinó de costado en el suelo resbaladizo fuera
en el lado equivocado del camino. Los autos que venían -
sus lámparas – se acercaron demasiado.
Mi nombre, mis hijas, mi trabajo
se desencajaron y se quedaron en silencio atrás,
cada vez más lejos. Yo era anónimo
como un niño en el patio de recreo rodeado de enemigos.
El tráfico en dirección contraria tenía inmensas luces.
Me alumbraron mientras yo maniobraba y maniobraba
en un temor transparente que flotaba como clara de huevo.
Los segundos aumentaron – tuve lugar allí -
se hicieron tan enormes como edificios de hospital.
Casi uno podía quedarse
y respirar por un tiempo
antes de ser aplastado.
Luego surgió un amparo: un grano de arena salvador
o una ráfaga de viento. El auto partió
y se arrastró rápidamente a través del camino.
Un poste fue chocado y se quebró – un retumbo agudo –
Voló en la oscuridad.
Hasta que se aquietó. Me quedé sentado en sosiego
y ví cómo alguien vino a través de la borrasca de nieve
para ver qué fue de mí.
II
He vagado largo tiempo
por los campos congelados de la Gotlandia del Este.
Ningún individuo ha estado a la vista.
En otras partes del mundo
hay algunos que nacen, viven, mueren
en un constante gentío.
Estar siempre visible – vivo
ante un enjambre de ojos -
debe dar una expresión facial determinada.
La cara cubierta de barro.
El murmullo sube y baja
mientras se reparten entre ellos
el cielo, las sombras, los granos de arena.
Tengo que estar solo
diez minutos por la mañana
y diez minutos por la tarde.
- Sin programación.
Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura 2011
Lo confieso: soy culpable. Me creo todas las interpretaciones de Timothy Simon Smith, alias Tim Roth, y en especial cuando interpreta al Dr. Cal Lightman, experto en leer los gestos de la cara y el cuerpo; puro lingüismo.
La banda sonora de la serie de Lie to me ( Miénteme) pertenece al grupo Ryan Star y la canción se titula Brand New Day. Qué fue antes la gallina o el huevo. Por favor, pensadlo…
En ti me quedo, de Ángel González:
En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente,
después de haber avanzado un paso hacia ella,
retrocedo a velocidad indecible,
alegre casi como quien dobla la esquina de la
calle donde hay una reyerta,
llorando avergonzado como el adolescente
hijo de viuda sexagenaria y pobre
expulsado de la escuela vespertina en la que era becario.
Estoy aquí,
donde yo siempre estuve,
donde apenas hay sitio para mantenerse erguido.
La soledad es un farol certeramente apedreado:
sobre ella me apoyo.
La esperanza es el quicio de una puerta
de la casa que fue desarraigada
de sus cimientos por los huracanes:
quicio-resquicio por donde entro y salgo
cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),
del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),
del todo (me hace daño) al nada (me lastima).
No importa, sin embargo.
Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente
la distancia que separa Tokio de Copenhague,
pero con más rapidez todavía
me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros
de mí mismo,
de prisa,
muy de prisa,
en un abrir y cerrar de ojos,
en sólo una diezmilésima de segundo,
lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora,
que me permite,
si mis cálculos son correctos,
estar en este instante aquí,
después mucho más lejos,
mañana en un lugar sito a casi mil millas,
dentro de una semana en cualquier parte
de la esfera terrestre,
por alejada que os parezca ahora.
Consciente de esa circunstancia,
en muchas ocasiones emprendo largos viajes;
pero apenas me desplazo unos milímetros
hacia los destinos más remotos,
la nostalgia me muerde las entrañas,
y regreso a mi posición primera
alegre y triste a un tiempo
-como dije al principio:
alegre,
porque sé que tú eres mi patria,
amor mío;
y triste,
porque toda patria, para los que la amamos,
- de acuerdo con mi personal experiencia de la patria-
tiene también bastante de presidio.
Así,
en ti me quedo,
paseo largamente tus piernas y tus brazos,
asciendo hasta tu boca, me asomo
al borde de tus ojos,
doy la vuelta a tu cuello,
desciendo por tu espalda,
cambio de ruta para recorrer tus caderas,
vuelvo a empezar de nuevo,
descansando en tu costado,
miro pasar las nubes sobre tus labios rojos,
digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente,
y si cierras los ojos cierro también los míos,
y me duermo a tu sombra como si siempre fuera
verano,
amor,
pensando vagamente
en el mundo inquietante
que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.